Desde que “Color Amapola” vio la luz, mi sueño ha sido tener un taller propio. Un lugar que fuera mío, al que ir cada día a trabajar con ilusión.

Ese sueño se cumplió en agosto de 2019. En un piso pequeño, propiedad de mis abuelos y que se utiliza como trastero, arreglé una habitación para convertirla en taller. Pintamos paredes, montamos muebles, y trasladamos todo el material que tenía en casa, y que aún no sé cómo pude almacenar en tan poco espacio. Todo encontró por fin su lugar.

Con el tiempo, fui haciéndolo más mío, añadiendo detalles que nos identifican a mí y a mi marca. Nuevos productos han ido llegando y ocupando su espacio, cada vez tiene más vida. Considero que un entorno funcional y acogedor facilita mucho las cosas. Trabajar a gusto y con calma hace que las horas vuelen, que no importe el despertador o que sea lunes. En estos meses me he dado cuenta del privilegio que tengo de dedicarme profesionalmente a algo que me apasiona y hacerlo en un lugar que considero “casa”.

Como ya imaginas, todos los productos que puedes comprar en mi tienda se hacen a mano, con la paciencia y el mimo que requiere el trabajo artesanal. Por eso, no hay dos iguales, cada uno de ellos es único y lleva un trocito del amor que le pongo a este proyecto. Su riqueza está en los detalles y acabados, en el cuidado que se ha puesto en cada pequeño paso hasta crear el producto final. Es algo que se siente cuando tienes en tus manos una pieza artesanal. Son productos para tocar y mirar, para compartir, para revivir momentos de tu vida felices que quieres conservar para siempre.

Desde el principio me preocupé mucho de los materiales que utilizaría, porque su calidad también garantiza que estos objetos puedan ser conservados durante mucho tiempo. Ahora, además de eso, también busco que su impacto en el medio sea el menor posible. Por eso utilizo papeles 100% reciclados y de fabricación sostenible, con certificados que abalan esta cualidad, y telas de algodón con certificado GOTS, con mis propios diseños impresos con tintas libres de tóxicos.

Además, cuando recibas uno de mis paquetes verás que no contienen plásticos ni elementos innecesarios que puedan convertirse en residuos. Tanto las cajas de cartón como los elementos de protección son reciclables y reutilizables, con lo que puedes darles una segunda vida. Todo pensado para que la experiencia de recibir uno de mis productos te saque una sonrisa, y te transmita el amor por lo natural que siento yo.

Tienes que saber, que cuando compras un producto a una pequeña marca, que lucha cada día por sacar adelante su proyecto, estás favoreciendo el comercio local y de proximidad, estás poniendo tu granito de arena para que una persona pueda vivir de su sueño. Y no solo recibirás el artículo que has comprado, sino que te llegará el cariño que le ha puesto en su creación. Consigues mucho más que un producto, consigues un trocito de felicidad.

Puedes conocer más de cerca mi proceso artesanal, a través de mi perfil de Instagram. Cuando la ocasión me lo permite, comparto imágenes de mi jornada de trabajo, de los productos que estoy creando en ese momento, o de los paquetes que van a poner rumbo a sus nuevos hogares. De esta forma, os hago partícipes de este proyecto que solo existe gracias a vuestro apoyo.